¿Qué es una DAO?

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DAO, abreviatura de Organización Autónoma Descentralizada, es un término que se utiliza a menudo en el espacio de las criptomonedas y que refiere a un conjunto de reglas -de organización- que se activa automáticamente y elimina la necesidad de intermediarios. En esta guía, una explicación más detallada de lo que son, cómo se crean y todo lo que necesita saber sobre las DAO.

¿Qué es una DAO?

Como su nombre indica, DAO se trata de una organización descentralizada en el sentido de que no tiene un gobierno central, y además es autónoma. En lugar de estar gobernada por un pequeño equipo de ejecutivos, las reglas de una DAO se establecen en el código y se hacen cumplir por la red de ordenadores que ejecutan este software; esto significa que las reglas son las mismas para todos, sin importar quiénes sean, e inmutables, por lo que no se encuentran resquicios para librarse de sus obligaciones o restricciones. Como el código es la ley, no hay necesidad de intermediarios que garanticen su cumplimiento.

La descentralización de una DAO suele significar que está democratizada en lugar de ser jerárquica. Por ejemplo, cualquier cambio que deba aplicarse es votado por todos los participantes en lugar de por un único grupo de responsables. Todos los votos se contabilizan automáticamente y son llevados a cabo por el software en lugar de depender de la intervención humana. Esto elimina la posibilidad de que el recuento de votos se gestione de forma errónea o se manipule, lo que da lugar a la transparencia y a la plena visibilidad.

Gracias a la eliminación de la necesidad de confiar en otros participantes en la DAO, ésta puede estar formada por muchas personas que no se conocen entre sí y que, de otro modo, no podrían coordinar sus objetivos comunes. En otras palabras, pueden trascender cualquier limitación física y estar seguros de que todas las partes están trabajando por el bien del propio proyecto.

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Cómo crear una DAO

Muchos proyectos en el espacio criptográfico tienen una DAO detrás de ellos, ya que esto tiende a ser una de las mejores maneras de mantener la gobernanza del proyecto justa, transparente y accesible para todos los que quieran participar. Sin embargo, como cualquier organización, una DAO todavía necesita ser creada y financiada antes de llegar al público más amplio al que va dirigido. Estas son las tres fases clave en la creación de una DAO:

  1. El primer paso es siempre averiguar qué debe hacer el contrato inteligente que sustenta la DAO, y luego crearlo. Este conjunto de reglas es a menudo muy extenso y cubre una miríada de cosas; olvidarse de configurar algo durante la primera fase de desarrollo significa que más tarde se podrá cambiar sólo a través de la votación, lo que puede ser un proceso largo y laborioso, especialmente si la regla olvidada es importante para la salud de la propia red. También hay que probar y volver a probar este código para que no se escape nada.
  2. La siguiente fase es asegurar la financiación para el lanzamiento de la DAO, pero también para su funcionamiento continuo. Esto se consigue a menudo a través de la venta de tokens, que también se encargan de la gobernanza del proceso: la mayoría de las veces, la cantidad de tokens que posee se correlaciona con su poder de voto dentro de la organización. Esto no se diferencia de una relación de tipo accionaria, por lo que las DAO se traducen tan bien en el mundo de las finanzas descentralizadas (DeFi).
  3. Por último, la propia DAO necesita ser lanzada. Una vez que se despliega en la cadena de bloques, no hay cambios que el equipo fundador pueda hacer sin el aporte de los otros participantes, o titulares de tokens. Es entonces cuando entran en vigor todas las reglas, incluida la gobernanza de la DAO. En otras palabras, la DAO se crea realmente.
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¿Qué fue de “The DAO”?

Cuando se habla de organizaciones autónomas descentralizadas en su conjunto, la mente de muchos sigue yendo a “The DAO” que marcó un punto de inflexión en la historia de Ethereum (ETH). The DAO era el nombre de una organización autónoma descentralizada que se lanzó en 2016 con la idea de ser una forma de “fondo de inversión”. La gente podía poseer tokens de The DAO y ganar dividendos de ellos o simplemente beneficiarse de la apreciación del precio, si así lo deseaban. The DAO fue uno de los mayores intentos de crowdfunding de su tiempo, recaudando alrededor de 150 millones de dólares en ETH. 

Justo antes del ataque que marcaría el fin de The DAO, alrededor del 14% de todo el ETH en circulación estaba invertido en el proyecto. Entonces, un hacker encontró y explotó un error en el código que le permitió desviar 60 millones de dólares. La gran cantidad de ETH ya vinculado a The DAO provocó una división en la comunidad de Ethereum sobre lo que debía hacerse. Los que creían que debía haber un fork que pusiera en la lista negra la dirección del atacante, impidiéndole mover los fondos y retrocediendo la blockchain a un momento anterior al hackeo, estaban liderados por el fundador de Ethereum, Vitalik Buterin, y esa versión de la blockchain sigue siendo la oficial para Ethereum. Por otro lado, las personas que se opusieron a esta decisión bifurcaron la blockchain principal de Ethereum y crearon lo que ahora se conoce como Ethereum Classic (ETC). 

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Posibles inconvenientes de las DAO

Aunque las DAO pretenden mejorar las estructuras jerárquicas existentes, están lejos de ser perfectas. Uno de los problemas más citados es que muchas instituciones de las finanzas tradicionales creen que no se debe confiar a las masas las decisiones financieras importantes.

Además, las DAO no están reguladas en su mayoría y tienden a extenderse por muchas jurisdicciones, lo que hace que la resolución de posibles problemas legales sea extremadamente complicado en el mejor de los casos, o incluso completamente imposible.

Por último, como demostró el ejemplo de The DAO, una vez que una DAO está en funcionamiento (desplegada en la cadena de bloques, en otras palabras), cambiar incluso los errores que amenazan la vida en el código puede ser un proceso lento y costoso que da a los actores maliciosos mucho tiempo para actuar. Incluso, el error más trivial, que de otro modo se resolvería en cuestión de horas, tiene que pasar por el mismo proceso de votación.