¿Qué es la Web 3.0?

La web 3.0 es el siguiente salto en la evolución de Internet. Aunque gran parte de ella todavía esta en etapa experimental y de investigación, se trata de un nuevo paradigma de la web donde el usuario revertirá su posición estática y se convertirá en protagonista. Esto se debe principalmente a la característica más inquietante de la nueva Internet, la descentralización.

Al hablar de centralización, no se puede dejar de mencionar a las criptomonedas y redes que ellas crean. Más específicamente, Ethereum viene a jugar un papel importante para ser visto como un gran sistema operativo operado por los usuarios y las comunidad para ejecutar la web 3.0.   

  • Descentralización implica una mirada más democrática al sistema, que pasará a basarse en nodos, propiedad de múltiples usuarios y a no depender necesariamente de un único servidor central. La información, que estará disponible al público de todas formas, estará encriptada en blockchain.

Al poner el foco en la descentralización, la web 3.0 será más transparente, individual y libre.

Transparencia: implica que no habrá un servidor que todo lo sepa o todo lo organice con su consiguiente posibilidad de manipulación. Los bloques de datos estarán a disposición de todos, a manera de información pública.

Individualidad: la nueva web 3.0 será más confiable en tanto cada persona podrá identificarse de manera virtual y llevar sus datos de una plataforma a otra. Es decir, no tendrá múltiples avatares (y su correspondiente identificación) por cada lugar del ciberespacio al que vaya. Será un individuo único e indivisible, como en la vida real.

Libertad: esto también está relacionado con la descentralización, cada usuario de la web 3.0 podrá expresarse a través de las redes sociales (aparecerán otras, dentro del nuevo paradigma) sin la censura de las actuales. El límite, en este caso, lo pondrán los propios pares dentro de la red, de la cual cada uno es libre de participar.

De alguna manera la filosofía de World Wide Web se retrotrae a su primera época -la ahora conocida como web 1.0-, dándole preponderancia al usuario y no tanto a los conglomerados o empresas que “tomaron” para sí y les pusieron su nombre a las distintas aplicaciones de la red.

Durante el reinado de la web 2.0 se privilegió la conectividad, y el concepto de Aldea Global, del semiólogo y filósofo canadiense Marshall McLuhan tomó el poder. La velocidad de conectividad y la importancia de que “todos sepamos todo al mismo tiempo” direccionó la labor de las empresas. Facebook, Google y las plataformas de comunicación son ejemplo de ello, aún encriptado en muchos casos, la comunicación depende de un servidor central, un Gran Hermano que todo lo ordena.

La web 3.0 propone reinventar muchas cosas: la forma de identificarnos (el password) como medida de seguridad para garantizar la libertad. La posibilidad de “saber todos los mismo al mismo tiempo, pero sin pasar por un servidor general” y muchas otras cosas más, como la manera de comunicarnos, de aprender y de negociar.

De alguna manera el metaverso y la web 3.0 están íntimamente relacionados. El salto evolutivo en materia de software será inimaginable, y en cuanto al hardware, será cuántico. Sin exagerar: los que saben auguran un mundo tecnológico que cambiará la forma de entre nosotros y también con el mundo (cosas) que nos rodean.

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